Impás-Compás-¿Bypass?

Impás-Compás-¿Bypass?

En pocos días (3 para ser exactos) una exposición que cerrará una etapa.

En pocos días (o tal vez no tan pocos, para ser inexactos) una llamada que decidirá un camino.

Mientras tanto mi mente llena de incertidumbre

[Impás]

Mi bolsa llena de plan(e/o)s.

[Compás]

Mi pecho lleno de ansia.

[¿Bypass?]

 

Imagen extraída de: http://theconversation.com/explainer-what-happens-during-a-heart-attack-and-how-is-one-diagnosed-55874

 

 

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Honestidad

Honestidad

Llegas con él. Os saludo a los dos.

A ti con dos besos en las mejillas. (esas por las que siempre envidié al resto de la gente, hace como un millón de años, y que ahora puedo besar como todos los demás. ¿Te besará él también en las mejillas?)

A él con un apretón de mano. Cada vez se me hace menos raro. Eso se me hace muy raro.

Una leve conversación contigo sobre cómo nos va la vida. Tú muy ocupada, yo también.

Con él no hablo. Él no tiene mucho que decirme y yo muy poco que escucharle.

Nos separamos entre la multitud. Pasado un rato os despedís, tenéis un compromiso. (ya no puedo mantener el singular al hablar de vosotros y hablaros en plural, en noches como hoy, duele. Y más me duele reconocerlo.)

Sigo disfrutando de la compañía de amigos y amigas. Y pasaré una noche fantástica con otros amigos, y un gran fin de semana.

Pero pasados unos días me daré cuenta de que sí me ha afectado veros.

Por supuesto no como antes, no como el golpe de la roca que te revienta las costillas. Más bien como el viento sibilino y frío que se cuela por tu oreja y te inflama el oído aprovechando que tienes las defensas bajas. Y duele.

Y más me duele reconocerlo.

 

Imagen extraída de: http://www.leopaciaroni.com/romper-las-cadenas-con-la-intencion/

 

Profecía cumplida

Profecía cumplida

Los siguientes versos forman parte de una poesía que escribí hace casi tres meses y que como decía entonces estaba “basada en hechos reales, pero que aún no han sucedido”

Me quedé atorado

añorando la nostalgia ausente.

No duró mucho.

La alegría llamaba a la puerta.

Ayer, 30 de marzo de 2017, me sorprendí sintiendo eso mismo, la sensación de “sentir la ausencia de la ausencia”, notar que la sensación de vacío había desaparecido.

Y al sentirlo supe que había dado un paso más en mi proceso de superación de la ruptura.

Y me sentí muy feliz.

Ideas y pasos, calles y fronteras

Ideas y pasos, calles y fronteras

Esta mañana he salido a correr, como hago a veces, cuando recuerdo que me gusta mucho.

Estaba en camino, recorriendo mi trayecto habitual cuando dentro de mí ha vencido una pequeña revolución: “¿Y si… cambio de recorrido?” El “nuevo” recorrido ha sido fruto de una vieja idea que me acompaña desde hace tiempo, pero que no había llevado a la práctica : dar la vuelta al pueblo, es decir, recorrer su perímetro, su contorno. Lo he hecho y lo he disfrutado muchísimo, centrado en “llegar en cada paso” (concepto del paseo consciente de Thich Nhat Hanh).

Cuando estaba llegando de nuevo a mi barrio, a punto de completar la vuelta, he decidido bajar el ritmo. A mi izquierda, en mi misma acera, casas. Al otro lado del asfalto ninguna acera, sólo campo y alguna que otra boca de camino. He cruzado el paso de cebra sobre la calle transversal que se abría a mi izquierda y me ha dado por girar mi cabeza en esa dirección. A lo lejos se atisbaba el final de esa calle. Más allá, solo campo.

De repente, dos ideas me han golpeado la conciencia: “Aquel campo es el mismo que este campo.” “El campo es, el pueblo está.” Estas ideas también son viejas conocidas, ya había sentido eso antes. Aún así sigue siendo algo que me impacta profundamente.

La mayoría de la gente nace y crece en una ciudad, barrio o pueblo, en una calle, en un piso o una casa (afortunados los que viven en el campo, las afueras…) y en muchos casos esos escenarios no cambian (o no demasiado) durante la vida de las personas. De esta manera crecemos con la idea inconsciente de que todo eso (calles, casas, edificios…) ha estado allí siempre y que va a seguir allí siempre. No obstante, hubo una época (más cercana o menos) en que todo aquello no existía y puede haber una época (más lejana o menos) en que deje de existir. Eso lo saben los mayores, o los que han crecido en las afueras que han dejado de serlo.

Dicen que si se abandonase una ciudad la vegetación tardaría pocos años en invadir (¿o recuperar?) el terreno. La civilización, lo urbano, es un constructo, un artificio (valioso) que hace falta mantener para que perdure en el tiempo. La naturaleza se mantiene a sí misma. Aún así, en la gran función de la humanidad estamos destruyendo el teatro para construir más y mejores títeres. Olvidamos lo esencial en nombre de “lo importante”. ¿Prepotencia? ¿Necedad? ¿Locura?

No sé… tal vez pienso demasiado…

Mejor sigo corriendo.

Imagen extraída de la página: http://www.artelista.com/obra/4422343024139283-calle-de-campo.html