Una gota, con la perenne paciencia del cielo inmortal, surca la piel de un joven árbol recorriendo sus escasas cicatrices oscurecidas por la penumbra de las primeras horas.

En su trayecto, la hija de las alturas y el vástago de las profundidades se dan la mano en una de las caricias más largas que ha contemplado el mundo.

Acabado este baile inmóvil, milimétrico, casi imperceptible, ella alcanza el mullido manto y se adentra sin miedo en la tierra.

Pasará solo un instante, quizás una eternidad, hasta que logre alcanzar su destino y, en la raíz de todo, se unan los amados hasta el fin de la existencia.

 

Imagen extraída de: https://campusuniversidaddenavarra.wordpress.com/tag/gotas-de-agua-en-ramas-de-arbol-con-hojas-cobrizas-y-ocres-noviembre-2012/

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