(Este escrito es el comentario a la reflexión sobre el sentido de la vida del compañero de eltemplodesalomon. Os recomiendo una visita a su blog, ya que realiza unas reflexiones muy interesantes.

He decidido colgarlo como entrada propia porque tiene mucho de mí y creo que es algo que vale la pena que la gente lea. Espero que os ayude, a vosotros y/o a los que os rodean.)

Yo tuve una crisis a los 18 años, la carrera que elegí no fue lo que me esperaba y eso me causó tal impacto que me quedé encerrado en casa durante 6 meses (mis amigos me sacaban a pasear…) y la idea de acabar con la vida era algo recurrente en mi pensamiento. En mi caso no era por sufrimiento, sino por desidia. La vida había perdido el sentido para mí. (Luego me enteré que las ideas suicidas en la transición a la vida adulta son algo muy frecuente y forman parte del proceso de crecimiento en muchos casos.)

Para alguien que está en un estado mental cómo en el que estuve yo (y el mío no era de lo más grave ni por asomo, no me autolesioné jamás por ejemplo…) es difícil sino imposible ver “el lado bueno de las cosas” y los comentarios positivos son incluso contraproducentes, ya que la persona se siente inútil por no poder conseguir ver y hacer lo que para los demás es tan evidente y sencillo.

A nivel personal aprendí que es importante reforzar los vínculos (amistades, familia…) porque son tu red de seguridad cuando caes. Y de cara a aproximarse a alguien que se encuentra en un estado similar (hay casos y casos y no soy psicólogo, que conste) yo intentaría primero de todo conectar con ese estado, intentar que la persona se abra (con la cautela que se intentaría acariciar un ciervo en el bosque) y que comparta algo, aunque sea poco, de su interior. Y después de eso tratar de normalizar la situación. Todos necesitamos y tenemos derecho a estar tristes, hundidos, a odiar, a despreciar la vida en ocasiones… y sólo desde la aceptación de esas emociones y sentimientos se tiene un punto de partida desde el cual ir cambiando los colores del paisaje emocional de esa persona (que los tiene que cambiar esa persona, con ayuda, pero esa persona).

La depresión basándome en lo que he leído, mi experiencia y las personas que he conocido que la han pasado (que son muchas) es el bajón forzoso que le da a una persona que ha sido demasiado fuerte durante demasiado tiempo, funcionando por encima del 100% del rendimiento y quemando la máquina. No somos ni superhombres, ni supermujeres y tenemos que reconocer cuando las cosas empiezan a sobrepasarnos (tenemos que conocernos a nosotros mismos, como conocemos la comida que nos sienta bien y la que no) para prevenir un sobredesgaste enorme, que conduce al pozo, que es la parada de boxes de la vida, en la cual tenemos (por imposición de nuestra alma) el tiempo suficiente para recomponernos y repararnos.

Disculpad la parrafada, pero es un tema que llevo dentro y me apetecía compartirlo.

 

Imagen extraída de: https://okdiario.com/curiosidades/2016/12/22/5-formas-evitar-depresion-poder-vivir-mejor-620328

Anuncios

6 comentarios en “Sobre la depresión

  1. Y el tuyo captar la esencia de las personas 😉

    Percibo menos el ridículo y la vergüenza que la mayoría de la gente.
    Como contrapartida tuve que aprender el arte de la discreción, para evitar abrirme demasiado con gente inapropiada, ya que me hicieron daño.

    Pero creo y confío en la gente, y lo seguiré haciendo. Eso sí, con los ojos bien abiertos para discernir a las hienas y a los chacales…

    Me gusta

  2. Para mi, el verdadero camino es llegar al máximo conocimiento de uno mismo. Cuando vamos avanzando en este auto-descubrimiento nos empezamos a reconocer y nos permitimos simplemente “ser”, que es la verdadera y única felicidad.
    Un enorme abrazo!

    Me gusta

  3. “para mí, no sentir el deseo de vivir la vida y no poder disfrutar de las pequeñas cosas ya es bastante extremo” Yo también lo pienso.

    Gracias por la parrafada. Me superencanta que la gente haga comentarios largos, porque lo largo difícilmente es superfluo, sobretodo si comentar es algo opcional y que requiere pensar, y exponerse.

    Si duele es porque estamos vivos. Y podemos convertir ese dolor en belleza: escribiendo, pintando… Y ese acto de alquimia nos sirve para purificarnos, para aprender y para ayudar a los demás. La sensibilidad se tiene pero también se desarrolla. Todos podemos crear.

    Yo más que a la ansiedad en mis épocas bajas tiendo a la melancolía y a la evasión de mí mismo, ya sea de forma expansiva (exceso social) o contractiva (ocio y distracciones en el ordenador). Por eso este blog me está yendo genial, porque me veo a mí mismo y no me huyo, me escucho y me hablo.

    Mucho ánimo con tus aristas, solo es cuestión de suavizarlas. Pero forman parte de ti, y son las que caracterizan la geometría que te da tu belleza única y particular. No lo olvides.

    Le gusta a 1 persona

  4. Wow… Aquí te has desnudado sin apenas musicalidad… Es una reflexión muy valiente.
    ‘[…] intentar que la persona se abra (con la cautela que se intentaría acariciar un ciervo en el bosque)’ … Me encanta. Es así, y esa cautela es la que muchas veces brilla por su ausencia y claro, el ciervo huye despavorido y desconfiado.
    Sé de lo que hablas. Hace unos años pasé una etapa de mucho estrés emocional, justamente por lo que dices, por llevar una mochila demasiado pesada y creer que podía con ella. No me dí cuenta de lo pesada que era hasta que literalmente enfermé. Tuve muchos síntomas físicos, entre ellos agotamiento extremo y muchos más. Visité varios médicos especialistas hasta que al final uno de ellos me dijo que debía tratarse de un problema emocional… ‘¿Emocional? ¿Yo? ¿La super woman? Que dices…’ Pues sí, va a ser que es cierto, que no existen ‘superwomans’ ni ‘supermanes’. Vaya… Tuve una etapa muy difícil en la que todo era gris, no existían los colores, se habían esfumado como se había esfumado mi ilusión por vivir y mi alegría y motivación. Nunca dejé de sonreír, pero el brillo que me caracterizaba ya no estaba. Pasé una etapa depresiva, muy muy ‘chunga’. Tampoco llegué a nada extremo, pero para mí, no sentir el deseo de vivir la vida y no poder disfrutar de las pequeñas cosas ya es bastante extremo.
    A día de hoy sigo con síntomas de ansiedad que me molestan enormemente, pero estoy mucho mejor y por lo menos ahora me conozco y sé cuando tengo que parar a respirar y bajar un cambio.
    Perdón por la parrafada, pero ya puestos, yo también lo comparto 🙂 Un abrazo.

    Nota: No es casualidad que escribimos, la escritura, como la pintura, la música o cualquier otro arte, se expresa a través de la creatividad y la creatividad necesita de humanidad y sensibilidad. Las personas que crean suelen estar dotadas de una sensibilidad mayor, lo cual los hace más vulnerables y frágiles frente a este mundo desamorado, pero también les da el don del sexto sentido 😉

    Le gusta a 2 personas

Los comentarios están cerrados.