Calaveras de oro refulgen ardientes con beso de luna.

Latidos de alcoba, gruñidos de hojalata, despojos de jazmín… son poca cosa para tan maltrecha ausencia.

A pesar de todos, nadie alcanza a encontrar la llave de tan celoso enigma.

Por ende, atravesar el horizonte se vuelve imperativo.

Y las campanillas … siguen … sonando…

 

Imagen extraída de: http://supercurioso.com/moviles-de-viento-colgantes-que-saben-de-suenos-y-sonidos/

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