Ideas y pasos, calles y fronteras

Ideas y pasos, calles y fronteras

Esta mañana he salido a correr, como hago a veces, cuando recuerdo que me gusta mucho.

Estaba en camino, recorriendo mi trayecto habitual cuando dentro de mí ha vencido una pequeña revolución: “¿Y si… cambio de recorrido?” El “nuevo” recorrido ha sido fruto de una vieja idea que me acompaña desde hace tiempo, pero que no había llevado a la práctica : dar la vuelta al pueblo, es decir, recorrer su perímetro, su contorno. Lo he hecho y lo he disfrutado muchísimo, centrado en “llegar en cada paso” (concepto del paseo consciente de Thich Nhat Hanh).

Cuando estaba llegando de nuevo a mi barrio, a punto de completar la vuelta, he decidido bajar el ritmo. A mi izquierda, en mi misma acera, casas. Al otro lado del asfalto ninguna acera, sólo campo y alguna que otra boca de camino. He cruzado el paso de cebra sobre la calle transversal que se abría a mi izquierda y me ha dado por girar mi cabeza en esa dirección. A lo lejos se atisbaba el final de esa calle. Más allá, solo campo.

De repente, dos ideas me han golpeado la conciencia: “Aquel campo es el mismo que este campo.” “El campo es, el pueblo está.” Estas ideas también son viejas conocidas, ya había sentido eso antes. Aún así sigue siendo algo que me impacta profundamente.

La mayoría de la gente nace y crece en una ciudad, barrio o pueblo, en una calle, en un piso o una casa (afortunados los que viven en el campo, las afueras…) y en muchos casos esos escenarios no cambian (o no demasiado) durante la vida de las personas. De esta manera crecemos con la idea inconsciente de que todo eso (calles, casas, edificios…) ha estado allí siempre y que va a seguir allí siempre. No obstante, hubo una época (más cercana o menos) en que todo aquello no existía y puede haber una época (más lejana o menos) en que deje de existir. Eso lo saben los mayores, o los que han crecido en las afueras que han dejado de serlo.

Dicen que si se abandonase una ciudad la vegetación tardaría pocos años en invadir (¿o recuperar?) el terreno. La civilización, lo urbano, es un constructo, un artificio (valioso) que hace falta mantener para que perdure en el tiempo. La naturaleza se mantiene a sí misma. Aún así, en la gran función de la humanidad estamos destruyendo el teatro para construir más y mejores títeres. Olvidamos lo esencial en nombre de “lo importante”. ¿Prepotencia? ¿Necedad? ¿Locura?

No sé… tal vez pienso demasiado…

Mejor sigo corriendo.

Imagen extraída de la página: http://www.artelista.com/obra/4422343024139283-calle-de-campo.html